sábado 25 de febrero de 2012

Fragmentos III



People change and forget to tell each other.
- Lillian Hellman


*****


- ¿En serio? ¿Ese flaco, Fer? No te sientas mal, es absurdo. Es muy parecido al wachiturro orejón.

- (Apaga el Lucky en el vidrio frío del cenicero cuadrangular con una sonrisa sincera, levanta la vista, suspira) Gracias. Gracias por este momento. De verdad.


*****


- ¿Y te gusta?

- (Revolea las manos con vago gesto de mariposas borrachas) Pséééé...

- Eso no suena muy convincente.

- ¿A vos te gusta algo? En este ámbito.

- Claro.

- ¿Lo poseés?

- No.

- (Pone cara de touché) Claro.


*****


- ¿Pero qué pasó? La verdad, por favor.

- (Deja el libro -que no estaba leyendo- sobre la mesa, busca los puchos, enciende uno de la peor manera posible, se arremanga la ya arremangada camisa) ...

- (Deja el esmalte sobre la mesa, sonríe como un villano de James Bond, se relame como un tigre) ¿Espero o hablo sobre otra cosa?

- Esperá.

- (Tapa el esmalte,) Bueno, ¿Espero a...?

- (Pita, profundo) Estoy viendo por donde terminar.

- No por dónde empezar. Por donde terminar. Que pintoresco de tu parte. Que buena finta.

- No, realmente, empezar... empieza como todo.

- ¿Y eso es?

- Ella dijo cosas.

- ...

- Luego yo dije cosas.

- ...

- O viceversa, es lo mismo. Y después... después el mundo se volvió un lugar desagradable, hostil. Hostil. Pero eso no es lo malo. O no lo realmente malo. Después de eso el mundo se volvió un lugar... NUEVO. Distinto. Porque nadie puede desdecir lo dicho. Las palabras son poderosas. Eso de que se las lleva el viento... es una mentira grande como la Luna. Las palabras modifican el universo. Y ese lugar... esa cosa en la que se había vuelto el mundo... era nueva, no estaba preparado para eso.  No era lo que estaba bien. Y nunca pude conciliar con ese hecho. Nunca pude sentir, otra vez, que el universo funcionaba bien.

- ¿Y entonces? ¿Cómo termina entonces?

- Meses después yo estoy acá. Esta es mi cara. Estos son mis ojos. Acá estoy, después. Así termina. Es un buen resumen. Puede no parecer agradable a algunos. Pero es la verdad. Y nada más importa.

- Jamás pensé escuchar tu rendición. ESO es nuevo.

- Me modificó, sí. Alguna vez alguien me iba a vencer. Así funciona. Así debe funcionar. Y está bien...

- ¿Sí?

- No sé. Sí. No sé. Tengo que creer en algo, ¿no? En la importancia de algo. En lo que se dice y en lo que se hace. En lo que se es. Intrínsecamente. Si no nada tiene sentido. ¿No?

- (Abre el esmalte) Pasame un pucho, por favor.


*****


- Nos veremos en el infierno.

- ¿Por entres las llamas?

- Oh zi.

- Me gustan las llamas. Más que los guanacos o las alpacas, por ejemplo.

- Sí, a mí también.

- Voy a hacer un programa que se llame "Llamas en Pijamas". Va a ser un golazo.

- Yo lo voy a mirar.

- Voyeur.

- Sip.


*****


- Sos linda.

- Por tu culpa.


*****

- No seas tan duro, es una piba inteligente, además.

- Ah, no... no vayas por ese camino. Entiendo que te guste porque está buenísima, especialmente cuando se viste así, pero no necesitás parar en la estación del soporte intelectual para justificarlo.

- ¿ME guste? Estábamos hablando de vos. De TU gusto. No entiendo en qué momento torciste la conversación.

- No quieras confundirme con tu dialética. 


*****


Conversation between Adam and Eve must have been difficult at times  because they had nobody to talk about.
-Agnes Repplier




domingo 19 de febrero de 2012

Febrero


Reality is that which, when you stop believing in it, doesn't go away.
-Philip K. Dick

 
Soñé piel. Soñé piel y una bombacha blanca.

***
 
El cielo sangraba, lento y seguro, nubes y se extendía, como todo cielo, de manera total, azul y plano, dentro del rango de mi vista.

***

¿Cómo tan poco tiempo se replica, se come, anega, se hace dueño de tanto tiempo?

Eso pensé antes de dormir, luego del pucho último y las habituales veinte páginas del libro de la mesa de luz.

***

Zapatillas blancas, jean azul, una camisa de color indefinido y los ojos muy abiertos mirando un cielo demasiado brillante como para distinguir formas.

¿Qué son días? ¿Qué son noches? ¿Qué es lo que te maneja?

Apenas se entiende eso, nublado, como mi visión, viniendo del cielo.

El cielo habla. O eso parece.

Hay un pájaro, que también es un gato y también es un pez, colgado, gigante y verde y dorado y hecho de olor a lluvia y de pecas y de una voz que ya cambió, en el cénit.

Luego, esas cosas que son inefables y que son de los sueños:

La consistencia de un pezón, el olor de una piel, el ascua de un cigarrillo en la oscuridad, muchas charlas hechas de palabras primeras y sinceras y la sensación de ser completo.

Todo eso, como las preguntas, como el ¿Qué son días?, desprendiéndose directamente desde el pez, que también es pájaro y también es gato, que está colgado, todo de olor a lluvia, en el cielo.

Hay mil nubes. O más. Rayan el cielo a una velocidad que es imposible. Corren de izquierda a derecha y dan vértigo.

Entiendo, porque es sencillo, que es una forma de hablarme del tiempo. 

Entiendo eso y siento el olor y la orografía de un cuerpo. Entiendo eso. Lo sufro, lo aprendo. Entiendo, ahora, también, la forma, la bombacha blanca, el símbolo y la forma circular de mi tiempo.

Entiendo las zapatillas y el hecho de no estar ahí.

Entonces se hace de noche.

Uno nunca, nunca nunca nunca, nunca nunca nunca, nunca nunca jamás se puede cansar de ver las estrellas. Especialmente cuando son tantas.

Y ahora es el gato, que también es pez y también es pájaro y también empieza a romperme las pelotas, el que está colgado de este cielo nocturno.

Y las estrellas siempre cuentan historias, siempre escriben eso que nadie va a volver a recordar, porque alguien tiene que ocuparse de la memoria, alguien tiene que saberlo todo. Siempre escriben eso que uno mete bajo la alfombra, porque cree que ya no sirve, porque ahora duele, porque ya no es.

El valor es, tal vez, la virtud que más persigo. Porque me es la más esquiva. 
Es... doloroso saber que tus palabras son mejores que tus acciones, que tus ideales son mejores que tus realidades, que tu fuego es tímido y pequeño como para alumbrar aquello que querés ver. Aquello que buscás. Tu deseo-del-corazón.

Canta el gato. Canta porque todo, siempre, puede ser canción. Porque es mucho más sencillo entender ese estímulo que el duro y básico ¿Qué son noches? Canta porque es piadoso. Porque sabe que fallo, pero también sabe que quiero.

Sol. Pienso. Eso quiero. Quiero eso.

Y, entonces, entiendo.

Todo lo que duele deja de doler cuando entendés que es verdad.

***
 
Despierto.

Lo malo de la mentira, entre muchas otras cosas, lo realmente malo de la mentira es el saber, el entender cabalmente, que algo que no es tiene el mismo poder que algo que sí es. Que crece y se reproduce y hace metástasis de una manera tan fuerte como la verdad si no hay nada (si no hay nadie) que la detenga.

Pero la verdad, oh, boy, es linda como el olor del pasto recién cortado, como una taza de café al despertar, como el pucho que un amigo te pasa en silencio en el medio de la noche.

Es bueno cuando uno elige sus batallas. Pero sirve, también, cuando la batalla lo elige a uno, saber, sin dudarlo en lo absoluto, en qué lado del tablero se quiere ubicar.

Are you really sure that a floor can't also be a ceiling?
-M.C. Escher

martes 8 de noviembre de 2011

Fragmentos II


The primary use of conversation is to satisfy the impulse to talk.
- Santayana


*****

- ¿Y? ¿Qué vas a hacer?

- Vivir.
 
- Ese es un buen plan.
 
- Tan bueno como cualquier otro.

*****

- ¡No!

- ¡Sí!

- ¡No!

- ¡Sí!

- ¡No!

- ¡Te digo que sí!

- Nononononono. No te creo. ¿Todo eso? ¿De verdad?

-¡Sí!

- ¡No!

- ¡Sí!

- Creo que esta es la conversación menos intelectual que tuve en mi vida.

- ¡No!

- ¡Sí!

*****

- Vino. Tomemos vino.

- Siempre es correcto. (Cierra la carta.) Decero, por favor.

- ¿Cuánto vino tomás por semana?

- No voy a responder a eso sin mi abogado presente.

*****

- Soy muchas cosas, que es ser ninguna. Una de las cosas que soy es la suma de mis obsesiones.

- Y eso asciende a...

- El Orden (que es el Caos), Pokémon, la perfección, no dedicarme plenamente a ninguna de las cosas que me gustan, el juego como concepto y objeto, la forma en la que evoluciona el cariño, la degradación (que es el Tiempo), el ajedrez, la amistad, los roedores, los reptiles, las familias bien constituidas, la flacura, la ausencia de derroche, la luz, las nalgas pequeñas, Hideo Kojima, lo felino, la elegancia, la continuidad perfecta entre hadouken y hadouken, los insectos, las arañas, la memoria, el olvido, la verdad...

- ...

- Eso.

- ¿Y el amor?

- Es la suma de todo lo anterior.

- ¿El olvido también?

- No sabés lo mucho que podés querer a alguien una vez que te olvidás de como era.

*****
There is no conversation more boring than the one where everybody agrees.
- Montaigne

lunes 31 de octubre de 2011

Fragmentos


As far as playing jazz, no other art form, other than conversation, can give the satisfaction of spontaneous interaction.
- Stan Getz


*****

- ... es una pregunta muy ardua.
- (Enarca las cejas, sonríe.) ...
- ¿Cuánto tiempo tengo para responder?
- (Se abotona el saco, mira el cielo casi desnudo, pasa la copa de una mano a la otra.) Todo el tiempo del mundo.
- Oh. Eso lo hace aún más difícil.
- (Se rasca la nuca, sonríe.) Efectivamente.

*****

- ¿Safe European Home?
- ¡ESA! Esa misma. (Tararea y canta en fonética.)
- Sí. Es esa. Que... elección singular.
- Así soy yo.

*****

- Es esa sensación... de... no sé como explicarlo... arrepentirse por algo que hiciste mal y es verdad.
- (Asiente, se le dan bien las palabras.) Contrición.
- ¿Sí? ¿Tiene una palabra?
- (Piensa en que sabe muy bien de lo que habla. Oh, sí.) Sí. Contrición.
- ¿Qué significa exactamente?
- Sin entrar en el terreno de la religión cristiana, que es de donde proviene, arrepentirse por la culpa cometida.
- Bueno, eso. Siento contrición, entonces.
- Salud.

*****

- (Revolea el ascua del pucho como un malabarista de semáforo, alza la voz un poco más alto de lo razonable y de lo íntimo.) ¿Sabés qué es lo que pasa? Que es un imbécil. Y es el tipo de imbécil que tiene mucha suerte. Es el tipo de imbécil que se tira de un cuarto piso y cae sobre un montón de colchones.
- ¿Estás celoso?
- ¡No!
- ...
 - Sí.
- ...
- No lo sé. Lo malo... no... lo que exagera eso, esa cosa abyecta que ya es, es que siempre tiene a alguien competente que, para mi asombro (porque en general admiro a sus subordinados) se ocupa de mantenerlo a salvo.
- Creo que estás celoso.
- (Pis y caca no se rinde. Debería aprender a rendirse.) No. No, no, no. Es un pelotudo. Fijate que ni siquiera sabe hablar. Le deja cualquier operación polisilábica a uno de los de su séquito.
- Pero sabe bailar.
- Andate a la mierda.
- Ce-lo-so.

*****

- (Cree haber llegado al jaque mate.) Decime que la verdad no es lo que yo digo.
- No te voy a decir eso. O, esperá, sí. Te digo eso: la verdad es lo que vos decís. Pero te digo, también, que la sinceridad no es lo mismo.
- (Y de pronto voltea a su rey.) Touché.

*****

- ¿Viste cuando estás contenido, pero no idiota? ¿Cuando nada es forzado? ¿Cuando una mirada que confía en vos y te sabe te da todo lo que necesitás para tener el mundo en el puño cerrado?
- Sí.
- Bueno, polarmente opuesto.

*****


I often quote myself. It adds spice to my conversation.
- George Bernard Shaw

viernes 28 de octubre de 2011

All You Need is Love



The purpose of art is washing the dust of daily life off our souls
- Pablo Picasso



Este video me lo acercó una jovencita (jovencita hasta el punto de la niñez) catalana a la que semanalmente falto el respeto editándola, siendo que escribe harto mejor que yo y no tiene una sola fisura en forma, fondo o estilo.


Ambos jugamos mucho.
Y lo hablamos.

No voy a extenderme mucho, el video hace que todas mis palabras (hablar sobre propuesta, narrativa, reinvención del idioma, disfrute sensorial) sean supernumerarias.



Un par de consideraciones:


El juego.
El juego es intrínseco al ser humano. Es una de las primeras actividades comunicativas que tiene y es una que mantiene hasta el final de su vida. Desde el sonajero hasta las bochas.
El juego es la manera en la que el lobato aprende a cazar.
Jugar.


El videojuego.


No es un pasatiempo.
No es un lujo.
 

Es, como todo arte, en el ejercicio y en el goce, en producirlo y en disfrutarlo, una forma de ser inmortal. Una forma de cambiar el mundo.
 

Algunas veces en esta vorágine de estímulos y de confusión que dura noventa años y que llamamos vida suelo sentirme perdido, pero otras tantas no me cabe ninguna duda de quién soy.
 

Este video (como una copa de vino, un pucho compartido con un amigo o la empatía con el joven Ishmael y su sacrificada historia) me sopla parte de la respuesta a eso.



Si se le presta un poco de atención al señor Zimmerman en el comienzo, él habla sobre la entrada a una "Ludic Age". Creo venir hablando sobre eso con varios amigos desde hace una buena cantidad de tiempo a esta parte.



Me enorgullece que de la óctuple lista que se propone en el final (Okami, Another World, Elite Beat Agents, Psychonauts, Beyond Good & Evil, REZ, Killer 7, Planescape: Torment) yo haya disfrutado integralmente de todos. 




Jueguen, gente, jueguen.


Salud.





miércoles 8 de junio de 2011

Peanuts



Sometimes I lie awake at night and I ask, "Why me?", then a voice answers "Nothing personal, your name just happened to come up."
-Charlie Brown, Peanuts


No sé si alguna vez soñé con un strip. Con una tira de cómic. No me animo a dar un veredicto final sobre eso. No recuerdo, sin embargo, otra ocasión en la que lo haya hecho.

Anoche me fui a dormir (esa cosa que se aproxima a meterse en la cama a descansar) y, Lord Jim, vaso de agua y pucho de por medio, me fui apagando con una pregunta.

Es regla que las preguntas se repitan e, incluso, que parezca que son siempre las mismas.
Son dos o tres, no más, que hacen de satélites que orbitan lo irresoluble de la mente o del alma y que nunca dejan de giran ni de crear mareas.

Vuelvo.

La cosa es que

Soñé con Snoopy,

Es un strip que evoco, preciso pero vago, de cuando todo lo que leía era físico.
Recuerdo, sí, el formato del libro en el que lo leí como si fuera hoy: una compilación en tapa blanda, en inglés, de strips de Peanuts. Si no recuerdo mal (y no creo hacerlo) era de Owl Books y Charlie Brown y el verde fosforescente dominaban la cubierta, que tenía texto en amarillo. Yo tenía diez u once años y tanto el inglés como muchísima de la sutileza psicológica del mundo de Peanuts se me escapaban en porciones similares. Lo disfrutaba, creo, a mi manera. Me gustaba Snoopy, me gustaba Woodstock (como a todo chico, iba primero por los animales) pero no entendía algunas de sus reflexiones.

Vuelvo.


con un strip de cuatro viñetas.


Este es uno de los muchos strips en los que Snoopy está con la máquina de escribir (la palabra typewriter es TAN bonita). Me gustaban esos particularmente porque rompían la narrativa de globos y me gustaba (me gustó siempre, lo hace ahora) la letra que usaba Schulz para mostrar la escritura de Snoopy.



No tengo forma de armar el sueño con palabras. Es la tira: entera y viñeta a viñeta. Es secuencial, es directo... pero también es constante, y es progresivo y es inmediato... no sé. Nunca fue difícil describir lo caótico de los sueños, pero sí lo es lo narrativamente improbable.
La cuestión es que lo entendí, entero, y que lo que veo y leo y escucho y comprendo y me entra, para decirlo de alguna forma, por todos lados, verbatim,


Porque juro que hace tres horas y dos pavas de mate y varias pasadas a CDs de White Stripes que estoy gastando la internet buscándola y no la encuentro.


es lo siguiente:


Viñeta 1: [Snoopy, sobre la cucha, escribiendo con su máquina de escribir] "Do you love me?" she asked. "Of course", he said.

Viñeta 2: [Snoopy, sobre la cucha, escribiendo con su máquina de escribir] "Do you really love me?" she asked. "Of course", he said.

Viñeta 3: [Snoopy, sobre la cucha, escribiendo con su máquina de escribir] "Do you really REALLY love me?" she asked. "No", he said.

Viñeta 4: [Snoopy, sobre la cucha, escribiendo con su máquina de escribir] "Do you love me?" she asked. "Of course", he said. So she asked no more.


Luego, despierto.


La recuerdo, ahora lo entiendo, porque la recuperé en la mudanza que tuve a los quince y, como en todas las mudanzas, aparecieron mementos del mágico pasado que se escondían dentro de cajones poco visitados o en el medio de libros más grandes o (caso real, un muñeco de G.I. Joe por el que mantuve luto durante casi un año) dentro de nunca concurridos paragüeros.


A los diez u once ese strip no me produjo nada salvo la sonrisa de ver a un perro escribiendo a máquina en el techo de su cucha. A esa edad la palabra amor es, además de algo irreal, casi vergonzante. Uno no ama con palabras. Uno la asocia (y también con vergüenza) a las manos de mamá y la voz de papá, pero no hay lugar para la palabra amor. Porque, afortunadamente, se está demasiado tiempo aprendiendo y amando en serio como para ponerse a teorizar sobre eso. Amor, a los diez u once, es esa estúpida y supernumeraria parte de la peli en la que se pierden quince minutos porque el protagonista y la chica deciden histeriquearse y luego besarse en lugar de estar, como deberían, carajo, pilotando cazas estelares entre monumentales cruceros enemigos o enfrentando dinosaurios con plateadas y duras pistolas o escapando de algún pelado con monóculo, acento alemán y trampas que involucran sierras y, de alguna feliz manera, tiburones blancos.


A los quince me llegó de otra manera.


"Dejemos las conclusiones para los idiotas", dijo Pío Baroja alguna vez y en este caso le doy la derecha.


Escribo por dos cosas.
No, por tres: por la Maravilla, que siempre arde; por recuperar otra vez, y en otra mudanza harto más compleja y harto más importante y harto más larga algo que, como todo lo que te vuelve cuando no lo poseés, es íntimamente tuyo y por el serio carácter del Sueño, que no cede ante la tentación de lo obvio y te da preguntas cuando te vas a dormir con preguntas.


Alguna vez lo escribí, en el teléfono, probablemente ebrio, el lo alto de una noche perdida: a cierta hora de la noche, hacer preguntas es muchísimo más difícil (y, agrego ahora, más peligroso) que dar respuestas.


Sometimes I lie awake at night, and I ask, "Where have I gone wrong?" Then a voice says to me, "This is going to take more than one night."
-Charlie Brown, Peanuts

lunes 6 de junio de 2011

Percussion - Repercussion


Todo, todo, todo, todo se trata de la gente que aún estás por conocer.
- Alguien, no recuerdo quien. Bien pude haber sido yo.


Este viernes que se fue me volvió, luego de navegar un laberinto de mails que no iban a eso, el .doc original, que había perdido junto a un disco rígido y tres libros, de una anotación vieja.

Los originales de los .docs que luego se hacen carne de blog son interesantes (permítaseme la exageración) porque abundan en notas que luego no ven la luz y de correcciones y descorrecciones (no borro cuando escribo algo que luego no quiero, tacho, así, ¿viste?) y de idas y vueltas y de desórdenes de párrafos y abundancia de repeticiones y de escribir en colores varios y fonts diversas.

Este fue un finde profundo, frío, sobrecargado de información mala onda y de noche polar. El domingo empezó tarde y me encontré en un momento pensando en qué hacer con tanto tiempo. Ahí me volvió una frase que supe usar y querer y que, oh, casualidad, está en este viejo y desprolijo escrito: linda como un domingo.

El escrito recuperado trata (de forma insuficiente, como es mi costumbre) de entender que gente diversa e incluso polarmente opuesta puede tener los mismos sueños. Salí, miré gente. Pensé en como es el domingo de cada uno. En cómo era mi domingo. En cómo era tu domingo. en las coincidencias y su ausencia.

Lo que sigue es de Septiembre del 2007. Iba a jugar un torneo de Magic, había tenido un sueño que quería recordar pero no analizar. Y coincidí. En esa época, como en este Abril último, le faltaba el respeto a William Blake tratando de entenderlo en su idioma. Ya no me sorprenden las coincidencias. Hace un buen rato que lo que sucede a diario es un juego delicadísimo de sutiles coincidencias y de espejos que apenas si se mueven, que se desplazan bailando una danza que a veces es cruel, pero que siempre es hermosa.

Transcribo y renuevo, por las coincidencias:


-----------------------------------------------------------------------------------


Milton XLVII


Sweet dreams, form a shade
O’er my lovely infant’s head;
Sweet dreams of pleasant streams
By happy, silent, moony beams.


Se acaba de ir el tren que va para el otro lado. Las ratas desaparecieron antes.
Ya pasaron cinco de los diez minutos de demora y la llovizna se pone un poco más generosa con los que estamos (no somos más que dos) en la punta sin cobertura de este andén.
Pienso en que tengo que conseguir un Solífugo porque si no voy a hacer un papel aún más desastroso de lo que creía; pienso en Milla Jovovich (ayer vi, otra vez, The Fifth Element); pienso (ya que lo estoy escuchando) que habrá sido de los flacos de Candlebox; pienso en la lluvia, que es un placer elemental que nos negamos porque siempre cargamos con cosas que no deberían mojarse; pienso en como soy esclavo de lo que tengo (como me tiene lo que tengo) pero, en el fondo, pienso en el sueño.
Odio interpretar.


Sweet sleep, with soft down
Weave thy brows an infant crown.
Sweep sleep, Angel mild,
Hover o’er my happy child.


Odio pensar en significados ocultos.
Me molestan los dobles sentidos, las conversaciones oblicuas, me gustaría disfrutar del sueño en lugar de tener que sentirme obligado a destejerlo en simbologías.
Candlebox le deja lugar a The Flaming Lips y las doce personas que estamos en el andén nos repartimos las puertas del tren que acaba de llegar.
No somos muchos en el vagón. Me siento, las puertas cierran y me dedico a ordenar el sideboard (el intento de) y pienso en porqué le dedico un día libre a esto.
Una mano mugrosa y pequeña se agita adelante de mi cara.
Alzo la cabeza, molesto.
Es un pibito. No sabría calcularle la edad, la vida le mintió a él y seguro le miente a cualquiera que lo mire. Tiene la nariz redondita y mínima; la boca le ocupa casi toda la cara.
-Me llamo Diego, -me dice y me agita la mano de vuelta -¿Cómo estás?


[no voy a agregar color local ni modismos al hablar (nada de “eh, amigoh” o similares) ni en su conversación ni en lo que me relata luego. Sería un error. Sí voy a cometer otro error: el de agregar rasgos circunstanciales y de pasarle barniz a lo que diga, porque no puedo evitarlo.]


-Bien. Mojado.
Nos saludamos.
-¿Cómo te llamás?
-Pol.
Se ríe. Esa risa suena bien.


Sweet smiles, in the night
Hover over my delight;
Sweet smiles, Mother’s smiles,
All the livelong night beguiles.


-Andá… ¿Qué es eso? –señala a un Groundbreaker, mi (luego falsa) esperanza contra control.
-Nada, boludeces.
Guardo las cosas.
Se sienta en el apoyabrazos.
-¿Tenés una ayuda?
Tengo algunas monedas en el bolsillo de la campera, vuelto del boleto. Me doy cuenta de que no saqué el pase del subte. Que boludo. No soy de dar monedas. Se las doy.
-¿De qué cuadro sos?
Pienso en si eso será su forma de decir gracias. Tiene una pulserita con bolitas que alguna vez fueron azules y que alguna vez fueron amarillas.
-De Boca- miento por segunda vez en una conversación de no más de dos minutos.
Sonríe. Se guarda las monedas.
-Aguante.
No se va. Se queda sentado ahí.


Sweet moans, dovelike sighs,
Chase not slumber from thy eyes.
Sweet moans, sweeter smiles,
All the dovelike moans beguiles.


[no sé porqué lo hice.]


-¿Cuándo fue la última vez que soñaste y qué fue lo que soñaste? ¿Te acordás?
Silencio.
Me mira con muchísima desconfianza. Yo me muero de vergüenza. Tampoco sé porqué. Una vieja, un par de asientos frente a nosotros, nos mira con evidente desagrado. A ambos.
-Vieja puta –digo. En voz baja.
Se relaja. Sonríe otra vez.
No sé que decir.


Sleep, sleep, happy child,
All creation slept and smil’d;
Sleep, sleep, happy sleep,
While o’er thee thy mother weep.


***[el sueño]***


Detrás de tanta chapa y ropa colgada, detrás de soltar la incómoda mochila o la vergonzante pila de fotocopias para el tren, pasando la casilla última y los gritos de la vieja está la libertad.
Una terrosa y descampada extensión de libertad. Un par de arbustos raquíticos, un caballo que está ahí desde siempre y algunos montones de piedras salpicadas por acá y allá son la única decoración que el potrero necesita.


[le cuento (trato de contarle) que en Ituzaingó, cuando yo era muy pibe, también teníamos una cancha de tierra. Me mira molesto. tiene razón. me callo.]


Lo demás, el corazón, es aire y es tierra.
En esa tierra se agarró a piñas y cobró y se limpió los mocos y las lágrimas y la sangre ahí mismo y aprendió a que lo fajen cada vez menos.
En esa tierra jugó a la pelota hasta que le dolieron las tripas de hambre y le dolió el costado de correr y de reírse.
Hasta ahí va siempre que puede, que cada vez es menos.
Hasta ahí va ahora, con una pelota número cinco flamante, de un blanco heroico, redonda como el sol y linda como un domingo.
La va llevando, pegadita a la zurda, mientras se va metiendo hasta el medio de la canchita, todo vestido de azul y oro, los pelos de cepillo parados y llenos de fijador y la sonrisa tan grande que le come la cara.
Se para, pone la redonda debajo de la derecha y levanta la cabeza.
Ahí adelante, a unos veinticinco metros, está su viejo.
Es enorme, gigante, debe medir


[luego de discutir un poco sobre alturas llegamos a una conclusión.]


como cinco metros.
Está en cueros y con unos jeans blancos y gastados y algo mugrosos.
Está en cueros y tiene el color de la madera cuando se hace vieja. El pelo que se le está haciendo blanco desde hace unos años gobierna, enrulado, una cara que tiene unos ojos chiquitos y negros que siempre se esconden detrás de un montonazo de patas de gallo y otro montonazo de derrames.
Una cara vieja y sonriente (cada vez menos) que él sabe obedecer y querer sin chistar, sin la más mínima sombra de duda. Obedecer y querer sin chistar es más sano para el cuerpo.
Está ahí, gigante y quieto, con las manos sobre las rodillas, el cuerpo inclinado hacia adelante.
Su papá se yergue y su sombra se derrama hasta donde está él. Tiene un agujero en el medio del pecho. Se puede ver lo azul del cielo y alguna que otra copa de árbol a lo lejos por el agujero. No le parece raro. Un agujero perfecto, redondo, en el medio del pecho. Su papá se ríe. Mucho y fuerte. Tose, como lo hace desde que él tiene memoria, y escupe algo bastante grande y caliente hacia un costado.
Él se estira una media, luego hace rodar la pelota un toque y toma carrera. Una carrera corta, de crack.
Mira de nuevo el agujero y la cara de su viejo. Éste se sonríe y le guiña un ojo. Se pone la mano derecha sobre el pecho, haciendo que disminuya la luz considerablemente.
Cinco banderines irregulares de luz se recortan en el suelo y en el pecho de su viejo.
Da dos pasos, tranquilo, serio, con la lengüita asomada en un costado de la cara y le mete un shuto elegante y seco a la bocha con la parte interna del pie izquierdo.
La pelota se eleva y, como no podía ser de otra manera, atraviesa limpia y triunfal por el al agujero del pecho de su viejo, entre los dedos índice y medio.
Su viejo ya no ríe, lo mira con bronca y se va deshaciendo, de arriba hacia abajo, cayendo como el helado cuando hace muchísimo calor, y se va poniendo como esa cosa marrón y caliente que suele escupir.
Él grita el gol, con toda su fuerza, con la boca abierta en una O infinta. Grita y corre y grita y corre con los brazos abiertos. Como un avión, como un pájaro azul y oro.
Grita y corre y se derrama de alegría en el grito de gol. Y grita y corre con los brazos abiertos como un avión y llora y llora y llora. Y grita y llora y se deshace (desaparece, quiero decir) en el aire, aún gritando y llorando.


Luego, despierta.

****************


Sweet babe, in thy face
Holy image I can trace.
Sweet babe, once like thee,
Thy maker lay and wept for me,


¿Cuántos sueños se sueñan en silencio?
¿Cuántos sueños mueren en serio con la vigilia?
¿Cuántos sueños extraños a los nuestros se enroscan y desatan en el vacío y negro terciopelo del dormir de Los Demás?
¿Cuántos de esos sueños que no entendemos de gentes que no conoceremos jamás podrían tranquilamente ser compadres de nuestros sueños?


Wept for me, for thee, for all,
When he was an infant small
Thou his image ever see,
Heavenly face that smiles on thee,


¿Cuándo fue la última vez que lloraste en un sueño y qué (quién, quienes) fue lo que lloraste? ¿Te acordás?


Smiles on thee, on me, on all;
Who became an infant small.
Infant smiles are his own smiles;
Heaven & earth to peace beguiles.

-William Blake, A Cradle Song


----------------------------------------------------------------------------

Y nunca me arrepentí de tomarme el tiempo y la labor de conocerte otra vez.
- Lord Byron, Writings